(Des)aprendiendo a ser mujer; aprendiendo a ser “ser humano”

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montse neira-perfil

Desde que en El Segundo sexo, Simone de Behavoir, descubriera que ser mujer se aprende, y que hay una discriminación por el hecho de haber nacido hembra mucho, se ha teorizado desde diferentes corrientes feministas. Personalmente, nunca hasta ahora,  me había cuestionado si yo era discriminada por ser mujer.

Más bien, al nacer y transcurrir la mayoría de mi vida en la estructura económica y social, baja;  sí que me sentía discriminada por ser pobre, luego más adelante, ya alrededor de la treintena -justo antes de entrar en el mundo de la prostitución-, centrada en la búsqueda de un empleo estable, me sentí discriminada por la edad y por no tener estudios, y desde que me gano las lentejas siendo prostituta, por ser puta (curiosamente esta  última discriminación proviene de otras mujeres)  pero nunca me he sentido discriminada  por el hecho de ser mujer.

En la actualidad,  ya no soy tan ignorante como era, y sigo, con sumo interés los continuos  debates de los feminismos, sobre todo, desde que empecé a interesarme por los argumentos del abolicionismo de la prostitución que nos victimiza a todas la mujeres que ejercemos la prostitución y carga contra el cliente poniéndolo como violador;  y estoy sumamente cansada y hasta me indigna y me avergüenza como mujer, algunos de los argumentos de algunas corrientes feministas (que no todo el feminismo). Estoy cansada de oír pedir cuotas de paridad, estoy cansada de quejas porque no hay igualdad (concepto de múltiples acepciones) estoy cansada de que estas corrientes mezclen machismo y patriarcado, estoy cansada de que no tengan en cuenta que el patriarcado ha sido también, tremendamente injusto con los hombres  ya que para ellos también ha habido un segundo sexo: por el hecho de ser machos, son los responsables de mantener económicamente a la familia, los que no han nacido en clases privilegiadas han tenido que ponerse a trabajar en empleos de dureza física tremenda y con consecuencia de enfermedades crónicas y de difícil curación, mueren más en accidentes laborables,  han muerto y se han quedado discapacitados por “la patria”, mueren más por muerte violenta y su esperanza de vida es menor que la de las mujeres, finalmente, han tenido y tienen que reprimir más sus emociones: no pueden llorar, no pueden sentir miedo, no pueden mostrar delicadeza...

Estoy cansada de que pidan la “igualdad”, cuando ellas, mujeres en su mayoría pertenecientes a la clases más privilegiadas han conseguido ocupar puestos tradicionalmente masculinos,  se han “liberado”, y han accedido a un mercado laboral cualificado y muy valorados socialmente,  saliendo del hogar,  gracias a que en su casa hay servicio doméstico, compuesto mayoritariamente por mujeres inmigrantes que son de  clase social baja, es decir que tienen menos oportunidades de elegir una profesión y  de progresar y conseguir ascenso social.

Estoy cansada de que carguen continuamente contra los hombres poniéndoles de malos, maltratadores, opresores, cuando ellas son las mamás, (también las esposas, las hermanas) de estos hombres y no han asumido la co-responsabilidad en la educación desde pequeños; porque no olvidemos, que la mujer como madre de estos machos tienen un inmenso poder a la hora de educar a estos futuros hombres -y mujeres- reproduciendo los diferentes roles.

Estos feminismos  han perdido una oportunidad de oro al no  luchar para que los derechos humanos dejen de ser papel mojado y de ser solidarios con las personas más desfavorecidas, independientemente de su sexo biológico. Esos derechos humanos que dicen: todo “ser humano”, es decir, ni hombres ni mujeres; cualquier ser humano que nace en cualquier parte del mundo, sin diferencias de sexo, raza, cultura, religión... tiene unos derechos, es sujeto soberano de derecho; por lo tanto, luchemos, los que podemos hacerlo, para que haya realmente igualdad de oportunidades, para terminar con las injusticias sociales que están haciendo que millones de personas en el mundo no tengan acceso a la alimentación mínima, a una educación y sanidad , que no puedan acceder a trabajos por vocación y se tengan que doblegar a condiciones impuestas por individuos/as  energúmenos. Yo no quiero ser mujer, quiero ser un “ser humano”y que me den oportunidades para desarrollar todo mi potencial como tal y ya me encargaré de empoderarme y dejar de ser   una  víctima de la opresión patriarcal.

Comentarios  

 
+1 #2 Lirisa 31-05-2012 09:33
Tú te puedes querer olvidar de que eres mujer, pero la realidad se encarga de recordártelo.Por ello y mucho más debemos luchar contra las injusticias sociales, de forma conjunta hombres y mujeres, por una sociedad en la que se respeten nuestras diferencias y se nos dé igual valor. Así que yo lo siento, pero espero no olvidarme nunca de que soy mujer, y decirlo siempre con la cabeza muy alta, no quiero desaprenderlo.
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+1 #1 Lirisa 31-05-2012 09:32
Yo sí quiero ser mujer, de hecho lo soy, y estoy muy orgullosa de serlo. Ignorar el sexo en cualquier análisis de la sociedad es sesgar su contenido. Variables como edad, sexo, clase social, raza... son fundamentales para conocer la realidad en su totalidad y actuar en consecuencia. No podemos hablar de ser humano sin más porque ser hombre y ser mujer no es lo mismo, ni en esta sociedad ni prácticamente en ninguna otra. Debemos luchar por acabar con las injusticias sociales, efectivamente, pero sin omitir el sexo. Porque sólo a las niñas, por el hecho de serlo, se las envenena en Afganistán camino a la escuela para acabar con su derecho a estudiar, porque sólo a ellas un juez marroquí puede obligarlas a casarse con el hombre que la violó y dejó embarazada, porque sólo una media de 60 de ellas mueren en España al año a manos de su pareja o expareja, y así un largo etcétera que nos deja la actualidad informativa.
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