Ser madres. Lo vivimos, lo aprendemos y lo heredamos

Escrito por Liliana Arenas Marín.

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Liliana

Educar nuestro hijos  implica construir cada día lo que puede ser un sólida torre o un castillo de naipes. La estructura y calidad será la base sobre la cual continuarán construyendo nuestros hijos y los suyos sus vidas.

Mi madre, un ejemplo de los retos que asume una mujer de su tiempo para adaptarse a los cambios sociales y quien ya cuenta con setenta y tantos.  No le gusta revelar su edad, según ella, luego de los 15 ya no se deben contar.  La hermosura de los rasgos de su rostro refleja la belleza de su juventud.  Brazos fuertes tanto para impartir disciplina en nuestros años de infancia, como amorosos para acunar a hijas, nietos y bisnietos.

Es mi madre

Viene de esa generación dura de gentes que igual se enfrentaban a la labranza como a la empresa, que vieron evolucionar los medios de transporte, comunicación y educación.  Costurera, auxiliar de construcción, de mecánica automotriz, experta administradora de los recursos  económicos, profesora en apoyo escolar y una que otra noción de ingeniería.  La Universidad de la vida tituló a ella y a mi padre  y juntos les he visto emprender diversas tareas, poco se les ha quedado pequeño.

Con un listón tan alto de lo que ser madre implica, me inicié en el compromiso vitalicio de la maternidad a los 25 años y ahí empece a comprender muchas de las enseñanzas y leyes que recibí de mi madre, que a una corta edad, difícilmente en la niñez e impensable en la adolescencia podía entender.  Me vi en el deber de educar un ser que creció de mí, inculcarle normas sociales, valores, principios y ánimos de vivir sin olvidar combinar toda esta instrucción con abundantes dosis de amor.

Pertenezco a la -generación de la guayaba-, como dice un humorista colombiano Andrés López en su monólogo “La Pelota de Letras”. La que vivió la transición, terminando con nosotros prácticas, costumbres y normas sociales que recibimos de nuestros padres y transformamos para educar a nuestros hijos.  A nosotros  no nos criaron con muchos te quiero, éramos familias de varios o muchos hijos y no había tiempo para eso. “ Estudien, que lo único que uno les deja es la educación”, así podrán trabajar y labrarse un buen futuro ( que bien les haría esa enseñanza a la llamada generación NINI (Ni estudian Ni trabajan). Si querías algo debías ahorrar y trabajar en la empresa o tarea familiar era obligatorio. Crecimos en una época con pocas dosis de igualdad, nuestras madres debían estar en casa, que mal visto era que salieran a trabajar y peor aún, que usaran anticonceptivos.  En nuestra generación se reclamó el derecho a estudiar lo que uno quisiera, pero no nos escucharon, jajaja, muchos estudiamos lo que nuestros padres decidieron.  Nuestra generación viajó por placer aunque haciendo mil y mil cuentas.

En estos tiempos muchas mujeres dejan el hogar y emigran en busca de oportunidades mientras el hombre se queda a cargo de los hijos. Es el caso común en las madres inmigrantes, que educan a sus hijos a golpe de teléfono, Internet y vídeo conferencia.  Que valientes son, pobre de aquel que con ligereza les juzga, criticando su decisión, sin saber que gracias a su sacrificio, sus hijos pueden aspirar a tener estudio, alimento y vivienda digna, algo que la constitución de su país les otorga pero que el Estado no garantiza.

En estos tiempos, la maternidad se ejerce en solitario, con pareja de igual sexo, afrontando el reto  de un divorcio, de la violencia de género, trabajando jornada completa o en desempleo, educando en igualdad que la sociedad otorga y no sea necesario que el estado tenga que legislar para garantizarla.  El aborto legalizado, la píldora del día después, el SIDA, la reforma educativa que cada día entrega peores cifras, los hijos solos en casa, el Internet que pone en sus manos información sin control y tantos retos que afrontamos en nuestra labor.  Corremos el peligro de dejar que se pierdan entre tantas fuerzas sociales, al quedar en el olvido aquellos valiosos valores recibidos en nuestra infancia, que nos hicieron emprendedores y nos enseñaron que todo se consigue con esfuerzo y mérito.

Independientemente de que la educación se ejerza en pareja o en solitario, la mujer aporta su particular sello a la educación de los hijos, como a todo lo que hace.  Manufacturamos las enseñanzas  recibidas, las adaptamos para transmitirlas a nuestros hijos.  Sin embargo, no debemos permitir que los "avances" sociales y tecnológicos dejen fuera de la educación que damos a nuestros hijos,  aquellos valiosos valores.  Solidaridad, respeto, esfuerzo, responsabilidad, honestidad, etc.

Recuerden que estamos construyendo sociedad cada día, todo lo que sembremos hoy  será la base para generaciones futuras  y lo viviremos o sufriremos en nuestra vejez.

Liliana Arenas Marín

Liliana

Entre Dos Orillas

Liliana Arenas Marín

Diplomada en Ciencias Empresariales

Directora de Revista SoyMujer

revista.soymujer@hotmail.com


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